Nacionales
Me lo dijeron los pájaros, un texto sobre Alirio Palacios; por Josefina Núñez
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11 años atráson
Una charla para niños y maestros sobre la vida y obra de Alirio Palacios, 2010.
No es fácil echar el cuento de una vida. La física puede ayudarnos si marcamos algunos puntos sobre una línea, enfocándonos en los hechos que determinan el sentido y significado finales. Es decir, echamos el cuento en retrospectiva, lo cual no requiere de mayor destreza. Difícil es ver hacia dónde nos lleva un camino cuando se está parado en él. Esta incertidumbre es una de las pruebas de fuego para cualquier artista. Andar a tientas, pero decididamente, a la cita en la que nos reunimos con nosotros mismos, es tarea de valientes.
Alirio Palacios nace en 1938 en el Delta del Orinoco, allí donde desemboca el gran río que cruza nuestro país. Y aunque crece, viaja y estudia en muchas partes del mundo, siempre está presente este profundo lazo, para recordarle el origen de la fuerza y la belleza que ha heredado. Una belleza que le permite ver y verse en otros paisajes sin perder la memoria de su origen. Él pertenece a un lugar cuya presencia de los elementos, agua, aire y tierra, definen un espíritu y una manera de expresión. Entre sus primeros recuerdos cuenta el propio Alirio, que el río crecía y se llevaba las casas, así que había que hacerlas otra vez. Esto es como vivir a la intemperie, al desamparo.
También se refiere a los animales fantásticos que poblaban su entorno, que para nosotros desde lejos puede sonar a mito o a leyenda, pero para él fueron parte de su realidad cotidiana. El caimán, que puede engullir a una persona en minutos frente a los ojos atónitos de todos. Las pirañas que aguardan el paso del ganado agazapadas en las aguas para atacarlo. A veces muerden y se meten en el vientre de las reses y aunque el animal logre salir a la orilla, ellas siguen dentro devorándolo hasta morir. Mueren al final, tanto el mamífero como los peces. Nos habla de unos sapos tan feos y tan grandes, que no se atrevía a ir orinar en las noches del puro susto. También se le hace agua la boca al rememorar algunas frutas. Como la sarrapia, que era para él una extraordinaria golosina.
En voz baja y porque hay mucho descreído por ahí, nos relata sobre los aparecidos, esos que muchos años después pintó en innumerables cuadros. Los aparecidos son personas que murieron y sus espíritus se quedaron vagando por bosques y aldeas. A veces se dejan ver y aunque constituyen una presencia diferente, guardan aún cierta familiaridad con los vivos. Nadie se espanta, se dicen, ese es un aparecido y continúan en lo suyo. No nombra el verde y los tonos de la tierra, no habla de las lluvias, de las crecidas, ni de las tempestades. Eso no precisa decirlo con palabras. Estos hechos han quedado grabados por emociones contundentes. Sólo había que esperar a que esas imágenes encontraran expresarse a través de formas y color.
Estudios
Cuando Alirio Palacios llega a Caracas, de 1954 a 1960 fue a estudiar a la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas de Caracas, en la Sección de Arte Puro y Artes Gráficas. Vale la pena detenernos en este punto porque, por una parte, asume el conocimiento de lo que se entiende por arte puro; es decir, pintura y escultura, como las dos hermanas bellas de la arquitectura, cuyo aprendizaje abarca oficios, técnica, herramientas y materiales, además del repaso de la historia de las artes plásticas. Por otra parte, completa su formación con las llamadas Artes Gráficas, que no son otra cosa que la capacidad de mundanizar las nociones esenciales de las bellas artes (forma, color, composición) en lo que entendemos como artes aplicadas: medios impresos, fotografía, cine, diseño y arte virtual.
Cuando el tipógrafo ordena sus letras encantado con las infinitas posibilidades que se abren ante él, no hace otra cosa que recordar la estructura que soporta al dibujo. La mente apela a la memoria visual escrita por las llamadas artes mayores. Ese mismo tipógrafo, hoy diseñador gráfico, se vale de las ideas de proporción y armonía de las partes de una escultura, y de la perspectiva que genera un determinado orden de los planos dentro de una pintura. Otro tanto le sucede a los grabadores cuando determinan la posibilidad de convertir una obra única en obra múltiple. Trabaja desde ese marco histórico. Así mismo, en la fotografía, ese arte de puntería y el cine, arte de la síntesis. Ni qué decir del diseño, presente hoy en todos los objetos que pueblan nuestro entorno. Todo sigue una misma antigua línea que se recrea en su andar de la mano del que recoge este saber acumulado por el largo camino del arte, y se atreve a ver más allá, en lo invisible, para comprenderlo de una nueva forma.
Este breve repaso es necesario para aproximarnos a la obra de Alirio Palacios. Porque haberse asomado en sus estudios iniciales a los medios gráficos, lo condujeron a formarse íntegramente como grabador. Vean lo que sucede. Se gradúa en Caracas y viaja a Italia para continuar en una prometedora escuela de arte, con una beca que había obtenido. No obstante, se produce un cambio de rumbo. En Hungría toma la decisión de ir a China a estudiar grabado (xilografía a base de agua) en la Universidad de Bellas Artes de Pekín, hoy Beijing, del ’61 al ’66. Esta experiencia deja en él la huella más definitiva de toda su formación. Y el de Alirio no es un caso aislado. El grabado como lenguaje, subyace a todo el arte moderno y contemporáneo y ha influenciado a artistas tan diversos como Cézanne, Van Gogh, Picasso, Matisse, por citar unos pocos, y a los más notables fotógrafos y connotados cineastas del siglo XX y XXI. Alirio se va a la cuna del grabado oriental, a China, a conocerlo en su expresión más contundente, en el grabado sobre madera tradicional (la xilografía).
El cambio de escenario es radical. Él se pregunta a menudo, «¿qué hubiera sido de mí, frente a esa cultura milenaria, sin las raíces de mi Delta nativo?» Todo lo nuevo que nos aguarda puede procesarse dentro de nosotros cuando tenemos, dentro de nosotros, algo que puede dialogar con eso que aparece afuera. Si no, no podremos asimilarlo. En China aprendió el mandarín y cosechó arroz con los campesinos durante las vacaciones. Recorrió el mundo de imágenes que representan sus dioses y las modestas costumbres y ritos de su vivir, comer, trabajar, morir. En el mercado de pescados, el vendedor confecciona su cartel de pescados del día, estampando sobre un papel el cuerpo entintado de cada ejemplar recogido en su pesca tempranera. Al lado le escribe el precio y lo coloca sobre sus cajas de alimento fresco para la venta.
Sin duda esta es una manera preciosa de hacer arte cada día. China le dio un profundo amor por el papel, en todas las inimaginables posibilidades de aplicación y por el negro humo, tinta hecha a base de huesos quemados que produce un negro profundo, aterciopelado, absoluto. Uno de sus maestros, Li Huá le decía: “dame el color: dame el negro”. Esta es una lección medular de la pintura y grabado del Oriente. Ese color contrario a la luz (espectro de todos los colores) es una fuente de investigación permanente del arte de todos los tiempos.
La fascinación por el papel llevó a Alirio a escogerlo como único soporte. Cierto número de pinturas las realizó sobre tela. Sin embargo, pronto saltó al papel y nunca le ha sido infiel. Conoce minuciosamente sus posibilidades de uso y manejo. Es pericia que adquiere en su paso por China, y luego por Alemania y Estados Unidos, llegando hasta la alquimia de coleccionarlos, conocer sus propiedades, de acuerdo a lo que proyecta hacer, según el peso, color, contextura, tamaño, resistencia. Un periodista, hace muchos años, lo llamó, Alirio el papelero. No hay mejor epíteto que reúna el deleite que siente por palparlo y jugar con sus potencialidades físicas, sin apartarse, por un momento, de la herencia mágica que el papel ha dejado a su paso por todas las culturas. No ya en el justo empleo que hacen los medios impresos de este soporte, sino porque, para Alirio, significó una determinante apuesta ser un pintor sobre papel. De la mano de este inmejorable aliado, los pigmentos mudaron a su vez, del aceite al agua, asimilándose a las prácticas tradicionales de los maestros chinos. De igual modo, se incorporaron los creyones, pasteles y utensilios correspondientes. Del reconocido parentesco entre las artes gráficas y el papel, quizá provenga esta vieja amistad y distintivo código de la obra de Palacios.
Al término de su escuela en China regresa a Venezuela. No por mucho tiempo porque decide completar sus estudios de grabado, ahora en la vieja tradición europea del grabado sobre metal. Viaja, entre los años de 1968 y 1975 a Alemania, Suiza y Polonia, a talleres especializados en técnicas específicas como el aguafuerte, aguatinta, punta seca, intaglio, barnices y mezzotinta. Se convierte en un experto, como ninguno en nuestro país, del lenguaje y los recursos del grabado. Muchos artistas venezolanos manejan estas técnicas y las desarrollan sólo en parte de su obra. Alirio es el único caso, de alguien consagrado a trabajar con el grabado. Y como veremos más adelante, no se queda con lo aprendido sino que lo transforma y recrea. De eso da cuenta su extensa trayectoria y producción.
Ahora a trabajar
Llegó el momento en que el aprendiz se dice, es hora de empezar a aplicar lo aprendido. De vuelta a Caracas, Alirio acomete esa copiosa serie de pinturas de los años ’70 y ’80 que tituló Memorias del latifundio, expuesta en el Museo de Bellas Artes. El paisaje y el retrato se integran en una misma composición. Aparecen fondos negros del que emergen sus famosos aparecidos yherejes, figuras que no pueden provenir de otro lugar que no sea de la negra sombra, el sueño y el inconsciente. Pinta mucho, muchísimo, y deja de lado el grabado por casi dos décadas. Apreciando este hecho con la distancia que otorga una investigación, uno se hace muchas preguntas. ¿Por qué al llegar no se dedica a grabar? Lo cierto es que la pintura le sirve para crear un cierto balance. Recordemos que un lenguaje se escoge y nos escoge. Lo escogemos porque lo que se quiere decir resulta más preciso en unas formas que en otras.
Y nos escoge porque hay un llamado externo que coincide afectivamente con un carácter o manera de ser, en determinado paso de nuestra experiencia. Alirio lo explica con las siguientes palabras: «Fue tan honda la influencia china, que tuve que guardar ciertos duelos para permitir que ella operara transformándose dentro de mí. Me daba perfecta cuenta de que no podía ni trasladar, ni interpretar siquiera, y mucho menos copiar, todas las formas heredadas de la tradición de China, eso es tarea para los chinos. Yo tenía que quitármela de encima» Y este hecho es crucial si se entiende la formación como algo vivo. Lo verdaderamente aprendido es tan contundente que es preciso desaprenderlo para hacer algo con ello. Un bailarín o un actor tienen que practicar mucho antes de exhibirse en un escenario. No obstante, para que allí se produzca un hecho que conecte con el público, ese saber o práctica debe caer en el cuerpo emocional de ese actor, bailarín, poeta, pintor, etc., para que pueda prestarle lo único propio que posee, sus vivencias. Ellas son las que animan todas las formas aprendidas. Si no, estaremos como a menudo, frente a un virtuoso repetidor de conocimientos.
Exposiciones
En el caso de Alirio Palacios, cuando esa gestación madura y viene el tiempo de los frutos, transcurren los años ’90. Tuve el privilegio de curar su exposición en el Museo de Bellas Artes, en 1999, titulada Xilografías y Concretografías. Una muestra copiosa de trabajos realizados desde 1994 hasta esa fecha, de lo que podemos entender como el nuevo grabado de Palacios para diferenciarlo de su obra elaborada bajo el ala de la academia. El detonante de esta gestación fue el hallazgo en el Barrio chino de Nueva York (ciudad en la que desde 1985 comparte su residencia y taller) de todos los materiales para grabar, a la antigua usanza china. Papeles, tintas, pigmentos. Seguro que ustedes conocen la felicidad de toparse con esas cosas que parecen perdidas para siempre y que sólo hasta un reencuentro imprevisto reparamos cuánto nos resultan imprescindibles, extrañándonos al punto de no poder entender cómo hemos llegado hasta acá sin ellas.
Así le sucede a Alirio. Sobre viejas puertas de madera encontradas en Manhattan, comenzó a tallar y el primero que se asoma allí ¿saben quién fue? Lin Ku Lin, el caballo sobre el que hizo su tesis en China. Graba a Lin Ku Lin, y de seguidas a algunos retratos. Este momento es singular en relación a sus temas porque empezaron a aparecer en su trabajo personajes y caballos inspirados por la obra de algunos de sus pintores favoritos: Paolo Uccello, Johannes Vermeer, Andrea Mantegna, Francisco de Goya. Alirio ha admirado toda la vida a estos portentos universales, y es con la xilografía que acomete el estudio e interpretación de algunos de los temas que aquellos pintaron. Aborda sus formas y colores, su actitud y sus gestos, y finalmente los traduce sobre la plancha.
Con su formación, Alirio graba. Con su formación, luego pinta. Después, en lo que podemos señalar como el momento de madurez de su lenguaje propio, integra, es decir: graba como si pintara y pinta como si grabara. Tanto integra, que da un paso hacia la escultura como natural consecuencia, por medio del relieve de la madera tallada. Esculpe entonces como si graba. Estamos frente al hecho de hacer síntesis, de combinar opuestos, diluyendo fronteras técnicas y asumiendo la reinvención de estos lenguajes. El lenguaje, ya lo dijimos, entendido como aquello que nos brinda la ocasión de pensar y expresar aspectos de la realidad, que de otra manera no podrían ser aprehendidos. Eso que dicen de ver para creer, para un artista de las formas se aplica mejor como un ver para crear. Si miramos con atención inventamos; no sucede de otra manera, pues la imaginación no copia formas exactas. Afortunadamente, mirar es inventar. Se dice que Miguel Ángel contemplaba un peñasco de mármol y decía: sólo hay que desempaquetarlo, la escultura está allí adentro, puedo verla.
En paralelo con la xilografía, Alirio se puso a investigar la posibilidad de hacer grabados a escala de un mural. Estamos hablando de 1998. Partió del método empleado por arquitectos y antropólogos para calcar relieves o inscripciones preservadas sobre paredes de la antigüedad. Es el mismo principio que se usa cuando ponemos una hoja de papel sobre una moneda y frotamos con un lápiz. El relieve de la moneda queda calcado. Entre amigos se acordó llamar a esta nueva técnica:concretografía. Es una técnica de impresión concebida por Alirio Palacios que parte de la realización de una plancha-muro, vaciando cemento, arena, tierra y guijarros dentro de un marco hecho con vigas y cabillas de hierro, a fin de preparar una pared con una superficie lisa sobre la cual grabar. Se graba mientras la mezcla se mantiene fresca, antes de fraguar. Al igual que el modelado en barro, la talla sobre este muro, similar a lo que llaman mampostería, se trabaja al fresco, cuidando que el agua no se evapore del todo antes de terminar, sólo en ese momento se puede dejar secar. El proceso de estampado es laborioso y encanta a conocedores e inexpertos.
Alirio Palacios fue mi profesor de grabado y la experiencia de ese taller de estudio que duró dos años, en el Centro de Ensenanza Gráfica, porque incluía todas las técnicas gráficas, resultó inolvidable. Cuando hacemos algo con nuestras manos ordenamos todo nuestro mundo interior, esa es una experiencia que seguro cada uno de ustedes ha saboreado a solas. Yo la llamo, la feliz concentración.
Etapas o períodos
Se pueden esbozar cuatro períodos distintivos en la trayectoria de creación de Alirio Palacios, de acuerdo a las disciplinas en las que se ha concentrado. El primero, en el que se forma como pintor en Caracas y más tarde, como grabador en Pekín, Ginebra y Cracovia, dejando un importante número de trabajos que dan fe de su meticulosa escuela. Una segunda fase intensa, de entrega a la pintura, que le sirve para penetrar sus imágenes, obsesiones e intereses: el paisaje y sus habitantes; lo real y lo fantástico; su memoria, su paleta de color. Le sigue un tercer momento en el que retoma la xilografía china, redimensionando sus posibilidades plásticas al estatus de cuadro o de obra única. Me gusta llamar este momento, el nuevo grabado de Alirio Palacios, porque entones cuando reafirma su lenguaje. Estos grabados se realizaron en gran formato, xilografías y concretografías de dos y hasta cuatro metros. Insólito para un artista chino, cuyos formatos no llegan siquiera a los medianos. Progresivamente pintura y grabado establecen alianzas e indiferencian su inequívoco discurso.
Oportunamente, Eugenio Montejo, un inmejorable compañero de su obra, calificó este momento, como integración de grabado y pintura. El estadio siguiente o casi en paralelo, como experimentación, aunque pasan algunos años antes de que se concrete en un sinnúmero de obras, es el de la pintura sobre madera tallada. Sucedió así. Las planchas de xilografía entintadas, preparadas para impregnar el papel que las imprimiría, ganaron autonomía y firmeza. Eran planchas y cuadros pintados a la vez. Podían permanecer así o editarse. ¡Qué extraordinaria versatilidad! Era como si la madera grabada le hubiera dicho al papel: no tengo que llegar a tu superficie para que me aprecien. Su plenitud se hizo clara, más allá de funcionar como matriz o medio. En toda la historia del grabado universal ninguna plancha se había sublevado a tal punto. De allí, Palacios desarrolló la idea de que puertas y aglomerados tallados y cubiertos con pigmentos, tintas, creyones y hojillas, pudieran permaner de ese modo, como pinturas.
El giro hacia el período siguiente, el de la escultura, reunido en una imponente exposición para la que me llamó en el 2006, a la Galería de Arte Ascaso, titulada Caballos, se estaba cociendo en medio de todos estos quehaceres. La escultura comenzó en Alirio siendo relieve. El relieve de la xilografía, de la noche a la mañana, pasó a los cubos o trozos de madera. Así nació el primer volumen tallado, el primer caballo de madera. De seguidas, pasó a ensamblar metales, soldar latones, cabillas, peltre. A armar andamios de cuatro patas con crines y almas aguerridas, los caballos de metal. Así se abrió este capítulo de la obra tridimensional. En paralelo coordiné el libro que compendia su obra, escrito por Eugenio Montejo, su amigo. Como un cierre al curioso destino de esta amistad, curé 50 Años de grabado, 2010, con un copioso recorrido visual de sus archivos.
Paisaje, retrato y caballos
Cuanto hallamos en la extensa obra de Palacios es paisaje. Paisaje en la más amplia de sus acepciones, la que lo propone como el gran contenedor de la naturaleza. Paisaje que abarca los otros dos temas reiterativos: el retrato y los caballos. El retrato es un extenso capítulo de su obra, en el que rinde tributo, entre otros maestros, a Bacon, Goya, Vermeer, Mantegna y Uccello. Se incluyen aquí, además, el bestiario por el que desfilan sapos, rabipelados, perros, toros, incontables pájaros y los emblemáticos equinos. Alirio refiere que los caballos son como actores que entran y salen del cuadro, siempre diferentes y siempre los mismos. Caballos que se han tragado el paisaje de su historia, como el de Lin-ku-Lim, Gengis-Khan o Bucéfalo.
La importancia del paisaje en la obra de Alirio trasciende la clasificación puramente temática. El paisaje recrea el mundo, lo ordena, le da forma, lo anima. El paisaje de Alirio no está delante de sus ojos hasta que lo pinta. Está detrás, en la memoria. En su dibujo, grabado, pintura y hasta en su escultura, se perciben los lazos profundos con el lugar como espacio físico, como referencia histórica y, fundamentalmente, como asiento de la conciencia. De diversas maneras allí encontramos el Delta Amacuro, sus terribles y acuosos brazos, que levantan, arrasan, y vuelven a armar. El agua en todo, los vientos, la vegetación fecunda y sobrecogedora. Todas, fuerzas primigenias que le ha tomado la vida entera digerir comprensiblemente, valiéndose del oficio plástico, del oficio de grabador.
Una obstinada fidelidad por su paisaje, como una postura filosófica, cualquiera fuere la situación en la que le hubiese tocado transitar a Palacios, sumado a la elección del grabado como disciplina, han significado en su caso, los dos bastiones de su arte. Tanto el uno como el otro, han sido motivo de encuentro constante, de saber permanente, en el trabajo de su taller, y como legado para numerosos artistas de generaciones posteriores.
El paisaje de la última década se ve profundamente afectado por la integración pintura-grabado. Lo encontramos ya en las concretografías de 1999, con una representación casi abstracta, de libre gestualidad. En la pintura sobre madera prevalecen los brochazos de pigmento que cubren cortes hechos previamente en la madera, planos cubiertos con manchas, salpicados, líneas de fuga hechas con creyón y superficies hojilladas. En la pintura sobre papel, el paisaje adopta la transparencia y textura que éste le concede. La trama del dibujo puede revestirse, además de las tintas y pigmentos, de arcilla, cemento, cal, e incluso materia vegetal que recolecta de la naturaleza que rodea su taller, como la canopia, el eucalipto, la cayena, los papiros, los bastones vegetales y otras especies.
Estamos ante un paisaje en movimiento. Del escenario cerrado se desplaza al afuera indistinto, entrando y saliendo del negro, hasta abordar el espacio abierto, en el que asume por entero la liberación de buena parte de sus recursos formales, a favor de sintonizar la composición con el color de la naturaleza. Sintonizarlo equivale aquí a captar su movilidad. De allí que el tratamiento de este paisaje no represente sino a través de gestos, los objetos que lo pueblan. No se trata exclusivamente del aspecto de la montaña, el aire, las aguas, del barro fresco de la tierra, de una bandada de pájaros alzando el vuelo, o de un perfil meditando en el centro del cuadro, es la experiencia de estas fuerzas y tensiones traducidas en gestos y símbolos plásticos lo que determina la forma final de la obra de este artista.
La pizarra
Su primera plancha fue sin saberlo aquella pizarra que le obsequiara su maestra de infancia. Pizarra saturada cada día, por los afanados dibujos que hacía y borraba, sin prestar atención a otra cosa que lo distrajera de la sorpresa de ver aparecer en ese rectángulo, formas delatoras de su imaginación. Un día pintaba un venado y al día siguiente ya no estaba. Tenía que atraparlo con la tiza otra vez, al venado, al mono o a cualquier otro inquietante animal. Más tarde llegaría a conocer y a dominar las maneras de crear planchas según la escuela oriental del grabado sobre madera y la tradición de la escuela occidental de grabado sobre metal. Estas dos vertientes de la historia universal del grabado se encuentran en la base de su estilo plástico: grabando cuando pinta, pintando cuando graba.
Alirio lo aplazaban en todas sus materias. Sus maestros pudieron, en cambio apreciar su vocación y talento para el dibujo y la pintura. Poco a poco lo ayudaron a cumplir sus tareas alimentando su alegría de crear, hasta que cumplió con su escolaridad formal e inició la escuela por sí mismo. Hasta hoy lo podemos encontrar en su taller descubriendo las cosas mientras las hace. Muy agradecido, Alirio reconoce las valoraciones que en su momento hicieron estos queridos maestros. Nosotros también se lo agradecemos. El desarrollo de esta vocación ha redimensionado, en forma y fondo, en recursos y expresión la historia plástica venezolana. Su amplitud de conceptos le ha permitido articular recursos de diversas disciplinas sin posturas puristas, vale decir, dando prioridad a la expresión y al pensamiento sobre los recursos empleados.
Eucalipto-John-Ink
En uno de los patios donde trabaja Alirio, al aire libre, apareció una mancha que cada día se oscurecía más. Alirio le pidió a Juan, uno de sus escuderos en su taller de Carrizales, que la lavara bien. Al pasar los días, Alirio vuelve a insistir y le explica Juan que le ha echado de todo y que esa mancha no se quita. Argumenta que son las hojas del eucalipto que al empozarse bajo el árbol van tiñendo el cemento. Alirio lo interrumpe emocionado: “Entonces vamos a preparar tinta con eso”. Juan maceró en agua durante un mes las hojas. El color que produce es extraordinario y según su densidad abarca una gama de tonos ocres, castaños y verdosos. Al poco tiempo reparó Juan que el preparado no se descomponía, que no necesitaba preservativos. Cuando Alirio me relató esta historia, acordamos llamarla con el nombre de su autor. Así aparece en las fichas técnicas desde entonces: Eucalipto-John-ink y sobre incontables paisajes.
Un rato y un lugar para meditar
Muchas de las veces que tuve el privilegio de asistir al Taller de Alirio en Carrizales, lo vi procurarse ratos para sentarse apartado en silencio, con los ojos cerrados, a meditar. Un día me contó que en China se contemplaba un espacio y un tiempo para hacerlo. Él al principio se metía en su habitación y seguía trabajando, hasta que lo advirtió su maestro guía. Alirio le argumentó que prefería no interrumpir lo que estaba haciendo. A lo que su superior agregó. Esta es también una tarea que debe cumplir como cualquier otra, no es opcional.
Caballos de guerra
Originalmente Caballos, la exposición de 2006, muy emocionado, quiso titularla Caballos de guerra. Alarmada con su idea, tuve que explicarle que la épica de la palabra guerra estaba muy en entredicho y en ese momento de nuestro país, derivaría sin remedio hacia sus connotaciones más bárbaras. Nos transamos en Caballos, cuyo título resultaba elocuente por sí mismo.
Se van mis caballos
Todo estaba listo para movilizar del taller a la galería las esculturas que conformaban en el 2006 la exposición de Caballos. Habíamos previsto trasladarlas en determinada fecha. El día anterior me dice Alirio: “Se van mis caballos”. Noté cuánto pesar le producía este hecho, y le dije: “No te preocupes, Alirio, ya verás que se regresan a trote a Carrizales porque prefieren este aire y el canto de las guacharacas. Van a esperarte en la mañana del otro lado del portón”. Alirio no sonrió. Su perdida fue tan sentida que al día siguiente de traladar los caballos, sufrió un coma diabético.
Me lo dijeron los pájaros
¿Cuánto de todo ese saber de la naturaleza se lo han dicho los pájaros a Alirio? Esta es una larga conversación, que comienza más allá del Delta, bajo frondosas copas cargadas de pulposas frutas, entre cañaverales dulces como son dulces sus pobladores, bueyes, y el humo del melado tibio. Es una conversación que conoce la sonora lengua del mandarín, el arroz y las rudas manos del que cultiva la tierra. Una voz que ha llevado su susurrado monólogo entretejido a las nubes grises de Manhattan. Una partitura que tras mucho andar, palpando antiguas piedras de lejanos templos, entre gargantas de mongoles ininteligibles, llegó hasta el silencio en el que transcurren las apacibles tardes del taller de Carrizales. Cuando era un adolescente, alguien le dijo que si comía corazones de colibrí tendría suerte con las mujeres. Él dice que se comió unos cuantos. Mientras conversamos hoy aquí, en su ventana, están los puntuales pájaros, sosteniendo ese cántico primordial, y Alirio, su amigo, los escucha mientras graba con su negra tinta los eternos papeles.
@Venprensa AC – Fuente: PRODAVINCI Texto y Fotos: Josefina Nuñez
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Banesco presentó la reedición del libro La palabra ignorada de Inés Quintero
Banesco presentó La palabra ignorada de la historiadora Inés Quintero, nuevo título que incluye en su Biblioteca Digital y que reúne relatos históricos de mujeres venezolanas que en tiempos de desigualdad de género, alzaron su voz por sus derechos.
Published
1 día atráson
29 abril, 2026
Banesco Banco Universal -cuya política de Responsabilidad Social Empresarial y Sostenibilidad tiene como pilares el fomento a la educación, la salud y la inclusión financiera de los venezolanos- presentó La palabra ignorada, el más reciente libro de la Biblioteca Digital Banesco, perteneciente a la colección Patrimonio y disponible para su descarga gratuita en Banesco.com.
El pasado 23 de abril de 2026, se realizó en el auditorio Fernando Crespo Suñer de Ciudad Banesco la presentación de La palabra ignorada, publicación de la historiadora venezolana Inés Quintero, que reúne las experiencias vividas por ocho mujeres de condiciones sociales y realidades diferentes en el siglo XVIII, pero que las une su interés por hacer valer sus derechos a pesar del contexto en el que viven.
La palabra ignorada permite tener un acercamiento a la vivencia femenina de la época colonial y del período republicano e independentista. Desde las propias palabras de las mujeres protagonistas, recopiladas de cartas y material documental, el libro comparte las problemáticas a las que se enfrentaron mujeres esclavas, de clase estable e, incluso, privilegiadas.
“La palabra ignorada es un ejercicio de justicia histórica. A través de una investigación rigurosa en archivos y correspondencia privada, Inés Quintero rescata las voces de mujeres que la historiografía tradicional dejó en la sombra. Desde el clamor de libertad de cinco esclavas, hasta la dignidad y postura política de figuras como Dominga Ortiz y Ana Teresa Ibarra, el libro nos revela a la mujer como una protagonista activa y valiente de nuestra identidad”, comentó en sus palabras de presentación, Marco Tulio Ortega Vargas, presidente de la Junta Directiva de Banesco.
El título nutre y complementa la historia de Venezuela al considerar la mirada femenina de aquellas testigos que no se incluyen en los relatos oficiales, develando las obligaciones, agresiones e injusticias a las que se enfrentaban las mujeres durante esos tiempos, demostrando su valía frente a la desigualdad y su empeño por hacer valer sus derechos.
“La posibilidad de escuchar las voces de estas mujeres tiene que ver con respetar lo que ellas representan históricamente y poder construir ese hilo conductor que tiene que ver con sus entornos específicos y el momento que les tocó vivir a cada una de ellas. Es la relación entre esas voces y el tiempo histórico para comprender una realidad que jamás había sido relatada por mujeres”, explicó Inés Quintero, historiadora y autora de La palabra ignorada.
La reedición de esta publicación de Inés Quintero es el cuarto título de la autora que se suma a la Biblioteca Digital Banesco, que hoy día cuenta con 80 títulos de libre acceso y descarga.
La palabra ignorada en voces protagónicas
La presentación de La palabra ignorada estuvo enmarcada en la lectura de los relatos de algunas de las protagonistas que se reseñan en el libro. En voces de las periodistas Valentina Quintero y Marisabel Párraga; la abogada Margarita Escudero; y las cantantes Betsayda Machado y Lorena Liendo, los asistentes pudieron escuchar los testimonios de esas mujeres que exigían sus derechos ante la situación que vivían.
Una conversación profunda y genuina entre la autora Inés Quintero y Albe Pérez, gestora cultural y directora de la Fundación Jesús Obrero, sirvió de hilo conductor y contexto a esos relatos.
“Que La palabra ignorada se convierta en la palabra escrita, ya es motivo de celebración. Un libro siempre es una feliz noticia y que, además, este libro permita visibilizar los testimonios de mujeres que la historia invisibilizó, es un acto de gran valor. Tener la oportunidad de traer al presente esos relatos y compararlos con los testimonios que vivimos hoy como humanidad, es un acto de gratitud y celebración”, comentó Albe Pérez, acerca de la publicación.
La reedición de La palabra ignorada es producto del trabajo editorial de Inés Quintero, junto con el diseño de Waleska Belisario, de ABV Taller de Diseño; la fotografía de Mario Goncalves y la corrección de Alberto Márquez; bajo el apoyo de Banesco Banco Universal. Visita la Biblioteca Digital Banesco y descarga de forma gratuita La palabra ignorada.
Sobre Banesco
Desde el año 1998 Banesco mantiene una Política de Responsabilidad Social Empresarial y Sostenibilidad que promueve la educación y la salud de los venezolanos de la mano de sus socios y aliados sociales, así como el mayor bienestar de sus trabajadores. Sus Informes de Sostenibilidad son revisados desde 2008 por el Global Reporting Initiative (GRI) que recoge las mejores prácticas en la elaboración de estos reportes, de acuerdo a estándares internacionales. Banesco es firmante del Pacto Mundial de las Naciones Unidas desde 2009 y signatario de los WEPs ONU Mujeres desde 2022.
NP/Foto: Cortesía
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Valencia disfrutó de la 5ta edición del Jardín Cervecero
Published
2 días atráson
29 abril, 2026
Más de 1.200 personas vibraron con la 5ta edición del Jardín Cervecero en el Club Hípico de Carabobo. Por primera vez, Cervecería Polar trasladó esta experiencia al interior del país, fortaleciendo la conexión y agradeciendo a sus consumidores en Valencia.
Maestros cerveceros dirigieron las catas en donde Polar Pilsen, Polar Light y Solera fueron las protagonistas, acompañadas de las mejores armonías para que el público se adentrará en el saber y cultura cervecera.
Durante el evento y en los distintos puntos de hidratación, tuvieron la oportunidad de probar las tres propuestas de cervezas especiales que se idearon para cautivar al consumidor valenciano, Red Ale con 5° Alc. caracterizada por su color caoba rojizo y notas tostadas a caramelo, Weissbier con 4,5° Alc. refrescante opción dorada con aromas a banana y clavos de olor y Porter con 6° Alc. un balance robusto entre café y chocolate oscuro.
El túnel encantado inmersivo fue la bienvenida para que después disfrutaran de la innovadora Silent Party, decora tu bandana, pinta tu tote bag, carpas tipi sobre la arena, dominó, una variada gastronomía local y hasta una lectura del tarot. Al caer la noche, el jardín se transformó con un juego de luces y agrupaciones con la mejor música local, quienes pusieron a bailar a todos para cerrar el evento.
La 5ta edición del Jardín Cervecero reafirmó Cervecería Polar está siempre en el disfrute del venezolano y eleva el compromiso para seguir innovando con experiencias cada vez más disruptivas para los consumidores.
Si quieres revivir los mejores momentos y estar atento a próximos eventos, visita @tucervezapolar
NP/FOTOS: Cortesía
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Empresas Polar impulsa la creación de 1.000 empresas en Venezuela
Published
3 días atráson
27 abril, 2026
En el marco del evento de su aniversario 85, celebrado 25 de marzo de 2026, con la presencia de invitados especiales, aliados comerciales, medios de comunicación y trabajadores, Empresas Polar anunció un programa para crear al menos 1.000 nuevas empresas en Venezuela, en los próximos 15 años.
“Desde nuestros inicios, en Empresas Polar tenemos la convicción de que en Venezuela se pueden hacer grandes cosas. Después de ocho décadas de compromiso decidido con el país, estamos convencidos de que la mejor forma de agradecer es compartir lo aprendido. Venezuela necesita más empresas sostenibles que triunfen aquí y afuera, más y mejores empresas compitiendo, innovando y mejorando la vida de la gente, más empleo formal y más sueños hechos realidad”, expresó Lorenzo Mendoza, Presidente Ejecutivo de Empresas Polar.
Esta es la forma en que Empresas Polar decide poner su sólida experiencia y conocimientos al servicio del país, impulsando la próxima generación del tejido empresarial. “Hoy, mirando hacia nuestro centenario, queremos poner nuestro conocimiento y recursos al servicio de quienes quieren crecer y construir. No sólo enseñaremos a emprender, también enseñaremos procesos para garantizar la permanencia. Tenemos las capacidades y tenemos las ganas de seguir construyendo mucho valor para todos”, aseguró.
Para Mendoza este programa busca habilitar capacidades para que la experiencia del sector privado consolidado sea el motor real de la evolución de los emprendimientos a empresas de alto impacto.
Las 3 vías de acción para alcanzar la meta
El programa que nace bajo el tutelaje de Fundación Empresas Polar, operará bajo tres pilares:
- Formación masiva: En alianza con las principales universidades públicas y privadas del país, en la cual mediante un contenido y currículo diseñado y avalado por instituciones reconocidas, se compartirán casos de negocio con el sello Polar; y procesos y metodologías desarrolladas y usadas por Empresas Polar.
Estará abierto para todos, se utilizará una plataforma virtual para asegurar que cualquier venezolano, sin importar de dónde venga, su edad o experiencia previa, pueda aprender a crear su propia empresa. La formación virtual será complementada con formación presencial, dictada por gerentes y especialistas de Empresas Polar en las diferentes áreas de la cadena de valor.
- Capital semilla y Mentoría de alto nivel: El financiamiento – no reembolsable – y la mentoría de alto nivel gerencial y directivo con sello Polar, asesorará de forma gratuita y personalizada a un grupo de emprendedores, seleccionado por un jurado independiente.
- Fortalecimiento de la cadena de valor: Daremos impulso a proveedores agrícolas, distribuidores y proveedores industriales de Empresas Polar, para que consoliden y hagan sostenibles sus empresas.
“Queremos que, como nosotros en Antímano, comiencen con una idea y con su talento y empuje, generen riqueza, empleo y bienestar para millones. El objetivo es que tengan herramientas reales para construir su propio futuro, transformando su talento en empresas que avancen, sean sostenibles, escalables y que triunfen», finalizó Mendoza.
Para visualizar el evento puedes ir al canal oficial de YouTube en Empresas Polar y revivir cada momento. Además puedes seguirnos en nuestras redes:
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NP/Fotos; Cortesía
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